We inspire people to get involved with God!
 
   
   
 
Piérdete a ti mismo, Encuentra el Camino


San Lucas 9:18-24; Zacarías 12:10-11;
Salmos 63:2-9; Gálatas 3:26-29
Por el Padre David M. Knight. Traducido por Enrique Huerta

Para poder entendernos a nosotros mismos y para saber quienes somos como seguidores de Jesús, tenemos que saber quién es Jesús y a donde nos está llevando. Si no queremos ir allí, entonces no queremos seguirlo en realidad. Esto significaría que todavía no lo hemos aceptado por lo que realmente es: el Camino, la Verdad y la Vida; el Mesías que salva nuestras vidas de errar su objetivo y quien nos da vida, alegría, verdad y amor “en plenitud”.

“Si alguno quiere ser discípulo mío”, dice Jesús (si queremos ser seguidores de Jesús y saber lo que es aceptar su Buena Nueva, entender y apreciar el don que se nos ha dado como cristianos), “olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame”. Es en el hecho de negarnos a nosotros mismos para amar como él ama, que nos realizamos: esto es, descubrimos nuestra verdadera identidad y la hacemos realidad. Es cuando “perdemos” nuestras vidas, dedicándolas al servicio de Dios y de los demás que realmente estamos vivos. Entonces sabremos el significado de estas palabras de Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Lo sabremos por haberlo experimentado, que es la única forma verdadera de entenderlo.

Es un hecho que se tiene que experimentar, como también es una verdad de fe que “el que quiera salvar su vida, la perderá”, y sólo aquellos que “pierdan la vida” al salir de sí mismos y enfocarse en traer a los demás a la vida por medio del amor, pueden salvar sus vidas de la restricción del egoísmo. Cuando sólo buscamos la satisfacción personal, todo lo que hacemos termina por aburrirnos.

Por el Bautismo fuimos consagrados como sacerdotes (esto es: ministros). Fuimos bautizados “en Cristo”; en su cuerpo crucificado. “Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo” (Romanos 6:3). Nosotros hemos “muerto” a la existencia individual y aislada que sólo busca la realización personal, y “resucitamos” en Cristo para vivir como su cuerpo resucitado en el mundo, consagrado para llevar a cabo su misión, y dedicado a la redención de la raza humana. Como proclama la cuarta Oración Eucarística, al resucitar de entre lo muertos, Jesús “destruyó la muerte y nos dio nueva vida. Y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, desde tu seno al Espiritu Santo como primicia para los creyentes, a fin de santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo.”

Está realización sólo se puede encontrar al vivir la vida por los demás. Por lo tanto, dedicarnos consciente-mente a agrandar la vida de los demás, es un paso esencial para alcanzar la plenitud de la vida. Para aceptar nuestra consagración bautismal como sacerdotes, tene-mos que comprometernos a mediar la vida de Dios a los demás. Esencialmente, hacemos esto al comprometer-nos a dar expresión en forma humana, física y visible a la realidad invisible de la fe, la esperanza y el amor que hay en nuestros corazones por medio de la gracia.

Esto es lo que Dios Hijo hizo cuando se volvió la Palabra encarnada: puso la verdad, el amor y la vida de Dios delante de nuestros ojos en forma encarnada. Tomó un cuerpo, para poder darle expresión física a la verdad invisible, al amor intangible, a la belleza inimaginable, y a la alegría que es el misterio de la vida de Dios. Y cuando nosotros “ofrecimos nuestros cuerpos como sacrificio vivo a Dios” (vea Romanos 12:1), le dimos nuestros cuerpos para que fueran el medio para continuar su expresión humana en la tierra.

Siempre que “encarnamos” las palabras invisibles de la fe en nuestros corazones, expresándolas con aliento humano, a través de nuestros labios humanos; o cuando dejamos que el amor divino de Cristo, en que somos partícipes, encuentre expresión en nuestras acciones humanas y físicas, estamos dejando que nuestros cuerpos sean los instrumentos y los medios de la expresión de Dios en la tierra; estamos encarnando la Palabra. Este es el sacerdocio, este es el amor. Comprometernos a esto es tomar la cruz y experimentar su poder.


Oración Diaria

Señor, enséñame a amar como tu amas, a entregarme a los demás como tu lo haces, a “morir” en mí mismo para poder vivir totalmente para Dios y para los demás en el amor. Amén.

 

Los Evangelios de Esta Semana

Lunes: 2 Reyes 17:5-18; Salmos 60:3-13; San Mateo 7:1-5: “Con la misma medida con que ustedes midan, Dios los medirá a ustedes”. ¿Qué tan emocionante es para mí la religión? ¿Puedo ver una relación entre lo que trato de servir a Dios y lo que aprecio mi fe?

Martes: 2 Reyes 19:9-36; Salmos 48:2-11; San Mateo 7:6, 12-14: “La puerta y el camino que llevan a la vida son angostos y difíciles, y pocos los encuentran”. El camino más angosto en la vida es la línea recta. En mis decisiones, ¿qué tan seguido me guío enfocándome en la persona de Jesús y en tratar de agradarlo?

Miércoles*: 2 Reyes 22:8 al 23:3; Salmos 119:33-40; San Mateo 7:15-20: “Todo árbol bueno, da fruto bueno, pero el árbol malo, da fruto malo”. ¿Qué me motiva más frecuentemente para realizar lo que hago en la casa, en el trabajo, en mi vida social y en mi vida cívica?

Jueves: 2 Reyes 24:8-17; Salmos 79:1-9; San Mateo 7:21-29: “El que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca”. ¿Cuáles son las palabras de Jesús que más me inspiran? ¿Cuáles son las que me vienen a la mente más seguido?

Viernes: 2 Reyes 25:1-12; Salmos 137:1-6; San Mateo 8:1-4: “Se le acercó un hombre enfermo de lepra, el cual se puso de rodillas delante de él y le dijo: ‘Señor, si quieres, puedes limpiarme mi enfermedad’“. ¿Qué le pido a Jesús que haga por mí? ¿Qué tan seguido le pido la gracia de dedicarme totalmente a ayudar a los demás en el amor?

Sábado: Lamentaciones 2:2-19; Salmos 74:1-21; San Mateo 8:5-17: “Al entrar Jesús en Cafarnaún, un capitán romano se le acercó para hacerle un ruego... Jesús fue a casa de Pedro, donde encontró a la suegra de éste en la cama y con fiebre... Al anochecer llevaron a Jesús muchas personas endemoniadas”. ¿Se parece esto a mi vida (siempre respondiendo a las necesidades de los demás)? Si estoy jubilado, ¿ayudo a cubrir las necesidades de los que me rodean? ¿Encuentro la vida al entregarme en el amor?
Domingo Décimo Tercero del año: 1 Reyes 19:16-21; Salmos 16:1-11; Gálatas 5:1-18; San Lucas 9:51-62. Lea estas lecturas antes de la Misa del próximo domingo.

Creyendo y Viviendo

Como Cristiano: A donde vaya esta semana (al trabajo, la escuela, su casa o a fiestas), imagínese en el camino, que Jesús va a su lado y comparta su deseo de entregarse por los demás en lo que usted está a punto de hacer.

Como Discípulo: Cada día de esta semana siga las Estaciones de la Cruz (15 minutos, lo puede hacer en su casa), reflexione sobre como Jesús se entrega en el amor. ¿Cómo encontró él alegría en esto?

Como Profeta: Durante esta semana esté consciente de lo que lo motiva en todo lo que hace. Cuando sea para su bien propio, trate en su lugar de actuar con amor para el bien de los demás.

Como Sacerdote: Durante la Misa, ofrézcase con Cristo y en Cristo por la vida del mundo. Salga de la Misa consciente de esta ofrenda.

Como Administrador del Reino de Cristo: Evalúe los grupos a los que pertenece (su familia, trabajo, grupo social, político, etc.), preguntándose cuánto de lo que hace es para sus propios intereses y cuánto es servicio a los demás. Vea qué puede hacer para lograr que el servicio sea un objetivo que guíe y motive al grupo.